Hoy 20 de agosto se cumplen seis años de la partida física de don José Enrique McDougal Guzmán

Por Junior McDougal

Seis años pueden parecer mucho tiempo. Sin embargo, cuando alguien deja una huella profunda en su familia, en sus amigos y en la sociedad a la que sirvió, el paso de los años no significa olvido. Al contrario, muchas veces el tiempo permite valorar con mayor claridad lo que esa persona representó.

Y hablar de José Enrique McDougal Guzmán es hablar, necesariamente, de la radio. De una época de grandes voces, de cabinas donde todo se hacía en vivo, de equipos que requerían conocimiento técnico y de una generación que ayudó a construir la radiodifusión dominicana, especialmente desde Santiago.

Nacido en Montecristi el 28 de enero de 1937, hijo de Pedro María McDougal Álvarez y Leticia Guzmán, fue el quinto de nueve hermanos. Desde muy joven sintió una especial atracción por ese extraordinario medio de comunicación que es la radio.

Comenzó su trayectoria en 1950, cuando apenas era un adolescente. Desde entonces, la radio se convirtió en una parte fundamental de su vida.
No se limitó únicamente al micrófono. Se preocupó por conocer la radio desde dentro, por comprender su funcionamiento técnico, sus equipos y todo aquello que permitía que una voz saliera de una cabina y llegara a miles de hogares.

Eran otros tiempos.

No existían las facilidades tecnológicas que tenemos hoy. No había computadoras, teléfonos inteligentes ni sistemas digitales capaces de resolver en segundos lo que antes requería conocimiento, experiencia y mucha dedicación.
La radio se hacía con disciplina.
Se hacía con responsabilidad.
Y,  sobre todo, se hacía con respeto por quien estaba del otro lado del receptor.

Don José Enrique perteneció a esa escuela.

A una generación de hombres y mujeres que entendieron que estar frente a un micrófono significaba asumir una responsabilidad ante la sociedad. Pero dentro de toda esa trayectoria hubo un proyecto que representó de manera muy especial su vida, sus sueños, su manera de entender la comunicación y, sobre todo, su pasión por la radio.

Ese proyecto fue Radio Amistad.
Radio Amistad fue mucho más que una emisora para José Enrique McDougal Guzmán. Fue probablemente su mayor legado profesional y una de las grandes pasiones de su vida. Allí puso conocimientos, experiencia, sacrificios, horas interminables de trabajo y, fundamentalmente, una visión muy clara de lo que debía ser una emisora de radio.

Una radio cercana.
Una radio respetuosa.
Una radio que informara, entretuviera y acompañara, una emisora capaz de entrar a los hogares y convertirse prácticamente en un miembro más de cada familia. Por eso no fue casualidad el lema que él mismo escogió para identificarla:
“Radio Amistad, la emisora de la familia dominicana”.
Aquella frase no fue simplemente un eslogan comercial, representaba su filosofía, expresaba lo que él quería que fuera Radio Amistad y también su propia concepción de la radio: un medio que debía servir, acompañar y respetar a la familia.

Y quienes conocieron aquella etapa saben cuánto significaba Radio Amistad para él.
Hablar de la emisora era hablar de uno de sus grandes orgullos.
Cada detalle importaba. La programación, el sonido, los locutores, los equipos, la relación con los oyentes y la responsabilidad de mantener una señal que llegara diariamente a tantos hogares.
Radio Amistad fue parte de nuestra propia familia y quizás por eso aquella expresión, “la emisora de la familia dominicana”, tenía tanta autenticidad. No era solamente algo que se decía frente a un micrófono, era algo que se vivía.

Pero sería injusto recordar a José Enrique McDougal Guzmán solamente por su trayectoria profesional o por Radio Amistad, porque detrás del hombre de radio estaba también el padre, el esposo, el hermano, el amigo y el ser humano. Quienes tuvimos el privilegio de compartir su vida sabemos que tenía sus propias convicciones, su manera particular de ver las cosas y un profundo sentido de la familia y quizás sea precisamente ahí donde permanece su legado más importante, porque los reconocimientos profesionales tienen valor; los años de trabajo tienen valor; una trayectoria construida con esfuerzo tiene un enorme valor. Pero al final, cuando pasan los años, lo que verdaderamente permanece son los principios transmitidos, los ejemplos y esos pequeños recuerdos cotidianos que solamente conocen quienes compartieron de cerca con una persona.

Como hijo mayor, hablar de él tiene para mí un significado muy especial.
No pretendo convertir estas palabras en una despedida, porque aquella despedida ocurrió hace seis años, prefiero que sean un ejercicio de memoria y de gratitud.

Con el tiempo uno aprende que recordar a un padre no significa solamente pensar en los grandes momentos. Muchas veces aparece en las cosas más sencillas: una expresión, una conversación, una enseñanza, una fotografía, una canción, un lugar conocido o, en nuestro caso, inevitablemente, el sonido de la radio y entonces uno comprende que hay personas que físicamente se marchan, pero siguen acompañándonos de muchas maneras.

A veces, incluso, uno quisiera volver a tener aquellas conversaciones que quizás en su momento parecían rutinarias. Hacer una pregunta más. Escuchar una historia nuevamente. Pedir un consejo. O simplemente sentarse a compartir sin ninguna razón especial.

Pero la vida tiene sus propios tiempos y nosotros tenemos la responsabilidad de conservar lo bueno, transmitirlo y procurar que las nuevas generaciones conozcan de dónde vienen y quiénes fueron aquellos que ayudaron a construir el camino que hoy recorremos.

Este 20 de agosto de 2026, seis años después de su partida, quiero recordar a mi padre don José Enrique McDougal Guzmán con serenidad, con orgullo y, fundamentalmente, con agradecimiento; agradecimiento por su vida.
Por su trabajo.
Por su aporte a la radio.
Por Radio Amistad.
Por sus enseñanzas.
Por los valores que defendió.
Y, en nuestro caso particular, por habernos dejado el privilegio de llevar no solamente su apellido, sino también una parte de su historia.

La vida continúa. Así tiene que ser.
Han pasado seis años y muchas cosas han cambiado. Nosotros mismos hemos cambiado. Pero existen afectos que no dependen del calendario.

Don José Enrique McDougal Guzmán.
Esposo, padre, hombre de familia, radiodifusor y comunicador de toda una vida.
A seis años de tu partida, aquí seguimos.
Doña Lochy, Junior, Gloria, Pedro, Roxanna y Mily.
Tu familia.
Recordándote.
Valorando tu historia.
Y procurando que aquello que construiste y los valores que nos enseñaste continúen pasando de una generación a otra.
Porque al final, ese es el verdadero legado de una vida.
Y quizás hoy todavía podamos imaginar aquella identificación que tantas veces atravesó las ondas de la radio y llegó a tantos hogares:

Porque esa es quizás la mejor manera de rendir homenaje a quienes amamos: no quedarnos solamente con la tristeza de su ausencia, sino agradecer profundamente el tiempo que Dios nos permitió compartir con ellos.
Mientras exista alguien que recuerde sus enseñanzas, que cuente sus historias, que recuerde a Radio Amistad o que pronuncie su nombre con cariño y respeto, una parte de él seguirá entre nosotros.
Y para quienes tuvimos el privilegio de llamarte padre, tu recuerdo seguirá ocupando siempre un lugar muy especial en nuestras vidas